Nuestro cuerpo es el hábitat de nuestras emociones y guarda las huellas de nuestra biografía emocional y de los conflictos más relevantes de nuestra vida en forma de tensiones y bloqueos musculares. Estas tensiones se van cronificando a lo largo de nuestra vida, generando una coraza muscular que, juntamente con la coraza psicoemocional, disminuyen la energía, la motilidad y la capacidad de autoexpresión y placer.
Durante el proceso psicoterapéutico, el análisis bioenergético, juntamente con la aplicación de los últimos avances en neurociencia y neuropsicología corporal, permite que el abordaje de la problemática psicológica de cada persona se dé de una forma integral. Y permite que, poco a poco, la persona vaya recuperando su propia capacidad de autorregulación.
El Análisis Bioenergético atiende a los aspectos cognitivos de la vivencia y la experiencia actual e histórica de cada persona y sus dificultades, teniendo también en cuenta el impacto de los vínculos tempranos en el desarrollo neuronal, emocional y corporal. Así mismo, tiene presente el movimiento, la postura y la estructura corporal.
Aborda los patrones respiratorios que nos alejan de la experiencia y dificultan la toma de contacto con la vivencia interna y la emoción, y afloja las tensiones musculares a través de ejercicios y posturas específicas.
Refuerza la conciencia de las sensaciones corporales, lo que permite un mayor contacto con las vivencias emocionales bloqueadas, facilitando el reconocimiento, expresión y autorregulación de la emoción, y reforzando a su vez los recursos existentes para que se pueda dar la transformación.
Así mismo, cobra también importancia la relación entre la persona que asiste a terapia y la psicoterapeuta, siendo este vínculo un puente que facilita la parte afectiva y relacional del proceso.
