La neuropsicología nació a mediados del siglo pasado como una disciplina que unía la neurología y la psicología para poder estudiar la relación entre el cerebro y la cognición, la emoción y la conducta. Y no ha sido hasta esta última década que la neurociencia ha empezado a ampliar la mirada más allá de nuestro encéfalo, viendo como otros sistemas y estructuras de nuestro cuerpo tienen también una relevancia capital en la regulación e interacción con nuestros estados psicológicos, cognitivos, emocionales y conductuales.
Y aquí es donde se abre paso la Neuropsicología Corporal, aunando los hallazgos más novedosos de la neurociencia corporal, junto con la psicología y la psicoterapia corporal, para demostrar cómo nuestro organismo funciona al unísono, como una orquesta bellamente afinada, donde no podemos hablar de funciones cognitivas sin hablar de la frecuencia en los pulsos que emite nuestro corazón, de la activación que ejerce la respiración sobre nuestro sistema nervioso, de la influencia de nuestra postura corporal y nuestra microbiota intestinal en nuestro estado emocional.
